SCREAM



Wes Craven es uno de los
pocos creadores del boom del género de terror de los años 70
que ha conseguido, no sin esfuerzos, mantener un prestigio alto
en la taquilla, algo de lo que no pueden presumir autores en
ocasiones muy superiores como John Carpenter o Tobe Hooper. Y es
que el descubridor de la última verdadera estrella del género
(Freddy Krueger) se sabe de memoria las reglas del horror que
hacen temblar a los teenagers, principales devoradores de este
tipo de filmes.
Así, Scream, es todo un homenaje a los típicos filmesbody
count, es decir, aquellos productos que en los ochenta invadieron
las pantallas y que narraban como un grupo de adolescentes algo
descerebrados y calentorros eran masacrados por el psycho de
turno. Así, Craven cita en su filme a clásicos del género como
La noche de Halloween (Halloween), de John Carpenter, El tren del
terror (Terror Train), de Roger Spottiswoode, Prom Night o la
saga Viernes 13 (Friday the 13th), creando una historia conforme
a las reglas que estos filmes han dictado, añadiendo referencias
al giallo italiano -ese plano en el que el ojo de una víctima
retiene la imagen del asesino, no desarrollada pero prestada de
Cuatro moscas en terciopelo gris, un clásico de Dario Argento-,
Corman -el asesino pretende realizar su obra de arte mediante los
modelos del cine, algo que en el tema de la escultura ocurría en
Un cubo de sangre (A Bucket of Blood)-, o a la televisión basura
-con una periodista que es una réplica en fondo y forma de
Nieves Herrero-.
Scream no pretende se más que un divertimento para fans del body
count y del cine de terror en general, con un Craven muy entonado
a nivel de dirección lo que da un frenético ritmo al filme, a
la vez que permite el típico juego de la película en la película
-al igual que ocurría en La nueva pesadilla-, aunque -como
afirma el psycho de turno- el cine no crea a los psicópatas,
sino que hace que sean más creativos. Una frase para reflexionar
sobre las interacciones entre imagen y realidad, aunque tan
intenso debate no sea el propósito de Scream, sino el del simple
entretenimiento.